rosello
31/03/11

Trampa para ángeles de barro en Uy.press

Presenta: Estuario

Cosecha Roja, 3ª Entrega: Trampa para ángeles de barro

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Cuando esta novela se publicó por primera vez (por Graffiti, en 1993. Había ganado el primer premio compartido en el Concurso “Dashiell Hammett del Río de la Plata”, que organizaba la editorial) todavía estaban frescos los recuerdos de las razzias y de la violencia policial que había llegado a extremos que terminaron en la renuncia del ministro del Interior, Antonio Marchesano, en 1989.

El poder político estaba, desde el primer período de gobierno del Dr. Sanguinetti, preocupado por “garantizar la seguridad individual ante el notorio crecimiento de la delincuencia en el país”, y en nombre de ese mandato la policía caía sobre los barrios como una plaga bíblica, arrasando con cualquiera que anduviera en la calle. La prensa, como es habitual, seguía y estimulaba esa danza paranoico-represiva que no pocas veces terminaba dando jugo para varios días de crónicas.

La novela de Rossello narra el encuentro definitivo entre un policía y un menor que carga varias muertes. El relato comienza —como la Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez—  el día en que el Navaja va a morir, y se va desplegando hacia atrás, reconstruyendo en forma alterna los pasos del joven y del policía que tiene la orden de liquidarlo.

Como sucede en toda tragedia bien contada, el hecho de que el final sea explícito desde el principio no disminuye el interés ni la tensión del lector, que se sumerge en la historia del Navaja y en los vericuetos de la jefatura de policía con la desesperación de quien necesita entender una circunstancia absurda o injusta.

Y la va entendiendo, porque Rossello arma con precisión la trama en la que una estructura policial agusanada, un policía indiferente a la coima y a los méritos, unos cuantos menores infractores o meramente abandonados, y un par de golpes de la suerte, confluyen en la mañana fatídica que termina en sangre derramada en los viejos galpones del costado de la vía, frente a la bahía de Montevideo.

Decíamos al principio que cuando esta novela fue premiada y publicada por primera vez, el asunto de la inseguridad y la ineficacia de la policía estaba al rojo vivo en la prensa y en la opinión pública (sea lo que sea que se entienda por “opinión pública”). Es necesario decir que hoy, cuando la editorial Estuario vuelve a sacarla a la calle, el tema tiene, si tal cosa es posible, todavía más prensa.

Muchas cosas cambiaron desde entonces. La más notoria es que el Frente Amplio está en el gobierno, y eso hace que, inevitablemente, las miradas sobre la acción policial hayan cambiado, casi desde cualquier perspectiva. También es cierto que la inseguridad —y su tratamiento como asunto policial— parece haber dejado de ser una cuestión política para pasar a ser un cuestión jurídica o administrativa, en la que ya pocos quieren poner energía intelectual.

Pero Trampa para ángeles de barro es una buena novela en cualquier escenario, y entre sus virtudes —además de la estructura perfectamente ensamblada, además de la perfecta construcción de los personajes— se destaca el modo respetuoso y empático con que Rossello muestra a sus protagonistas.

Lejos de la sensiblera y apiolada aproximación tipo “víctimas y victimarios”, y lejos también de todo tratamiento mitificador, la narración parece comprender sinceramente a los personajes; entender ese complejo sistema de códigos que incluye cosas como el prestigio, el nombre ganado a los golpes, la humillación del contrario, la revancha y el coraje, pero también el miedo, la simple inmadurez, la ignorancia y la indefensión.

Con el mismo acierto, en la misma justa línea que no cae en el estereotipo pero aprovecha los recursos del género, está dibujado el Largo Viñas, el policía encargado de “boletear” al Navaja. Y con el mismo trazo seguro se arman las distintas escenografías (el control de Arenal Grande; los fondos de un taller mecánico; las casitas de Cerro Norte; los depósitos abandonados de la bahía; una pensión miserable; una pieza al fondo de un corredor, en la que una mujer casi siempre está durmiendo), se delinean los personajes secundarios (el carterista que no quiere líos, la sicóloga bienintencionada, los policías y ex policías corruptos) y se redondea el clima de una ciudad que duerme y despierta de espaldas a la tragedia cotidiana de quien vive y muere en la calle.

Renzo Rossello es escritor y periodista. En 1989 ganó el premio “Biblioteca de Marcha” con su primera novela, Valores y dublés, publicada por Yoea en 1991.

(*) Trampa para ángeles de barro, de Renzo Rossello. Montevideo, Estuario editora (Casa editorial Hum), serie Cosecha roja 02, 2010, 141 págs.

Soledad Platero / UyPress – Agencia Uruguaya de Noticias


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