Escribir como quien siembra la tierra
Osvaldo Aguirre elabora la escritura poética con la paciencia del trabajo agrario. Una poesía de situaciones mínimas.
Escribe a mano, en hojas sueltas o en libretas. Ahí, contó en alguna entrevista, Osvaldo Aguirre registra situaciones mínimas. Como hace la mujer del poema “Diario íntimo”, quizás inspirado en su madre: “En su cuaderno anota / el día de siembra / y la verdad de la cosecha / la fecha y el monto de cada lluvia.” Y también: “tiene una letra / tan clara / que parece dibujar / sobre las líneas / de la hoja, bien parejos, / los surcos de la soja”.
Aguirre piensa la escritura poética de modo análogo al trabajo agrícola, con esa paciencia y morosidad: los poemas de Campo Albornoz fueron escritos a lo largo de los últimos cinco años, en medio de otros libros y textos. El autor (nacido en Colón, Buenos Aires, en 1964, aunque desde chico vive en Rosario) publica desde mediados de los ’90 trabajos de investigación, novelas, ensayos y libros de poesía; entre ellos Tierra en el aire (Gog y Magog, 2010). También es periodista y gestor cultural.
Campo Albornoz era un paraje al sur de Santa Fe que desapareció aunque persistió en el habla de la gente de la zona. Los textos que integran el libro son breves, versos escuetos que registran un instante y, al mismo tiempo, sugieren su cualidad poética al indicar la trama de silencio que los sostiene. Cada uno de ellos es un relato completo aunque como señala Edgardo Dobry en la contratapa, “el carácter narrativo del poema no implica necesariamente su aplanamiento prosaico”. Aluden a lo coloquial, a los saberes transmitidos de generación en generación como secretos que se atesoran por costumbre más que por eficacia, como eso de que “se aplica un sapo / –la parte de la panza / fría– y el dolor / se pasa”. Pero, al mismo tiempo, transforman en hilos delicados muchos lugares comunes de la lengua popular. “El amor / era que él atara / la capota en la plaza / y papá dale rezongar: / ‘ésta es muy chica’”, escribe en “Enriqueta”, una de las series, que lleva por títulos nombres propios.
Los pueblos chicos esconden historias con las que labran sus propios mitos, no siempre políticamente correctos. La maestra rural que encuentra un apuñalado bajo el sauce, el hombre que arma y desarma el Rastrojero, el muchacho excéntrico al que nadie se acerca y está “dele echar pestes contra Perón / y el Consejo Agrario” son personajes que encuentran su minuto de epifanía. Pero están demasiado ocupados en sus cosas como para advertirlo. Y eso los torna adorables. Campo Albornoz recupera la ternura algo melancólica de un tiempo perdido. Los surcos que trazan los versos de Aguirre son depositarios de sus memorias. Pero también evocan las de aquellos criados entre la tierra, el viento y las geografías que ya no están.
Reseña a Campo Albornoz en Tiempo Argentino
20 de Marzo de 2011
Por Ivana Romero

Osvaldo Aguirre en La diaria
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