melisa por bergara
15/04/11

Melisa Machado en El País Cultural

Presenta: Estuario

Eróticos

La poesía de Melisa Machado

Juan de Marsilio

ES POESÍA DIFÍCIL: no espere quien lea los cinco libros que integran este volumen ninguna concesión a lo obvio. Hay que tomarlo así: “Tales son mis palabras/ y aquel que participa tiene vedada la comprensión.”, dice Machado, y si no “vedada” al menos sí velada, lo que exige estar atento a sugerencias sonoras, segundas y terceras acepciones de los términos, imágenes táctiles, olfativas, gustativas y, en menor proporción visuales, con predominio de lo oscuro. La experiencia erótica -eje de estos textos- trasciende a sus partícipes, los comprende sin que ellos la puedan abarcar. Ayuda el prólogo de Aldo Mazzuchelli, que orienta pero no simplifica en exceso y acierta al tomar el riesgo de referir algunos detalles biográficos de la autora, que le dan luego un cariz sobrecogedor a la imagen de la mujer deshecha y recompuesta, recurrente en estos poemas.

Esta es una poesía femenina: Machado usa el cerebro para escribir desde la piel y las entrañas de hembra. Hembra de bicho humano: mujer. Y esto la pone en una doble tradición de inconveniencia social, peligro y complejidad. Por un lado, esta poesía le debe a Delmira Agustini, a la mejor Juana de Ibarbourou, a Marosa di Giorgio -señala bien Mazzuchelli el parentesco de Machado con Julio Herrera y Reissig y el carácter intrínsecamente barroco de esta obra- pero paga bien la deuda pintando matices personales en esta corriente. No cae en el subproducto retórico facilista: está lo sexual femenino de manera constante y perturbadora, pero esta poesía no es mero inventario de temblores, ardores y humedades, aunque no los soslaye.

La segunda tradición es casi tan antigua como la especie: el encuentro de los sexos visto a la vez como fiesta y combate, como corona de espinas y calma, como consumación y frustración, como placer y dolor intensos – a lo masculino vienen asociadas imágenes como la serpiente y el estilete, como una cacería en que la hembra es acechada y sometida, a la vez que ejerce, por maneras sutiles, un poder superior (“Supe reinar en la tierra como gata distraída/ que mira de reojo a su amo encantado.”). Palabras como “ritual”, “estirpe”, “adarga”, hablan de esa antigüedad profunda (y palabras como “lodo”, “marjal”, “pecado” o las variadas alusiones a lo oscuro y a Luzbel, hablan del aspecto culposo de la tradición erótica en el Occidente judeocristiano, culpa que en acto de rebelión se vuelve belleza en el encuentro carnal, sin dejar por ello de implicar temor y dolor).

Hay que saber seguir la música de estos poemas, en muchos casos hilo que los estructura, sugiriendo buena parte del sentido, y hay que estar atentos a las resonancias mitológicas o bíblicas (por ejemplo: “Salomé/ y su matriz/ de salamandra silenciosa…” en “Arsénico”, de Ritual de las primicias). Herida la figura femenina más veces que triunfante de placer, tampoco el hombre es siempre “imperialmente macho” (es el que tiene felonías en la garganta, “rostros numerosos/ pero no virtud”, el que anda muchas veces “sin el tumulto del beso/ atareado en sí mismo”).

Y sin embargo, con lúcida o loca terquedad heroica, puede soñar “Altas mujeres como catedrales,/ hombres poderosos como percherones”. Acaso porque, por sobre todas las heridas, hay fe en que el goce es algo que, como una flor, ha sido, es y puede volver a ser.

RITUALES (Ritual de las primicias, 1994; El lodo de la estirpe, 1998; Adarga, 2002; Jamba de flores negras, 2006; Marjal, 2008), de Melisa Machado. Estuario, 2011. Montevideo, 156 págs. Distribuye Gussi.

Secciones: Prensa   Etiquetas: , ,

Presentación / Evento