Estuario editora lo invita a la presentación de “Aceptación de la tristeza”, poesía de Álvaro Ojeda. Palabras a cargo de Mónica Salinas y Víctor Cunha. La cita es en La Casa del Autor, AGADU (Canelones 1130).
Si, como sostenía Hölderlin, “los poetas echan los fundamentos de lo permanente”, este poemario, construido con sensibilidad exquisita y sólida arquitectura nos conduce, desde la reflexión de un yo que asume los actos cotidianos, transfigurándolos, a la universalidad fundante, ahondando en las raíces más puras de lo lírico. A través de una metáfora, de una pregunta sugerente, de la recreación de una peripecia mínima, de un oximoron, el autor induce arepensar aquellos temas que nos preocupan desde siempre: Dios y su contrincante humano, el misterio del ser, el amor en sus diversas modalidades, la muerte y su constancia inexorable, el devenir del tiempo y la naturaleza, viva en sus creaturas y en su belleza. Estamos frente a un poeta que nos deleita, nos “entristece”, nos fascina, revelándonos, como sentenciaba J. R. Jiménez, a la permanencia de “la poesía, principio y fin de todo”. Sylvia Lago
“Aceptación de la tristeza” renueva mi admiración por la obra poética de Álvaro Ojeda. Es un libro que renuncia a la tensión, que navega un ritual de aceptación y parte de un dios hecho sustantivo para celebrar la palabra. Páginas donde la poesía festeja su necesidad de existencia con una precisión que conmueve. “Aceptación de la tristeza” también renueva mi creer en la poesía. Andrés Echevarría
Aceptar la tristeza es reconocer que no hay redenciones fáciles: la muerte no es ninguna salida, ningún pasaje hacia otra vida, ninguna salvación, ninguna paz. Entonces, aceptar la tristeza es asumir un afán compasivo ante los semejantes, es adoptar una perspectiva prudente ante los cantos de sirena (Kafka, ese saturnino de ley, llegó a advertirnos que las sirenas quizás guardaron silencio cuando el osado Odiseo pasó cerca de ellas), y es también asumir la vocación reflexiva de los espíritus que buscan la verdad, aún sabiendo que la vida, la caída en la vida, tiene sus secretos inasibles. Aceptar la tristeza es estar con todos y cada uno de los «testigos de una breve franquicia». Aceptar la tristeza es saber que «la ceniza no descansa jamás». Aceptar la tristeza es aceptar la orfandad, reconocerse como un «inmenso vagabundo intransitivo». (…) ¿Qué puede aprender un lector al entrar en este libro? Yo, en particular, he logrado pensar con claridad que para poder compadecerse de verdad ante el dolor del otro, no se puede ser compasivo con la banalidad de las falsas promesas de felicidad de las que nadie se responsabiliza. Y me reafirmo en la idea de que el poeta no puede perdonar la palabra fácil, esa, que tan rápidamente se escurre. Germán Machado (nota completa en: http://machadolens.wordpress.com/2011/04/20/defender-la-tristeza/
Álvaro Ojeda (Montevideo, 1958)Es poeta, narrador, crítico y periodista. De su obra poética, destacamos “Ofrecidos al mago sueño” (1987), “Alzheimer” (1992), “Los universos inútiles de Austen Henry Layard” (1996), “Cul-de-sac” (2004) y “Toda sombra me es grata” (2006). En narrativa, publicó las novelas “El hijo de la pluma” (2004), “La fascinación” (2008) y “Máximo” (2010).


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