Este libro de Roberto Echavarren se ha convertido en un clásico dentro de su temática, esta vez en una edición revisada y actualizada por su autor (2010).
Llegado el nuevo siglo, las identidades del hombre y la mujer han naufragado. La propia noción de “homosexualidad” se ha desvanecido. Desmontado el modelo (el hombre, la mujer), se derrumba también su patología (el homosexual). Así, lo que se da es una cierta fatiga de encarnar el heredado modelo binario de el hombre y la mujer, un rechazo de las identidades prefijadas, una reivindicación del “estilo” frente a la “moda”. Estilo versus moda, en tanto “un singular dandy en medio de la multitud” versus un “sujeto universal de la moda serializada”. La reflexión sobre el estilo como práctica de emancipación y autonomía respecto a la moda era el punto de inflexión que Charles Baudelaire acentuaba en sus ensayos sobre arte, tal “El pintor de la vida moderna”. El pintor de la vida moderna es algo más que un “flâneur”, es un ojo que discierne y es un asceta del estilo. El estilo es un recorte heroico, una expresión de “lo que viene de abajo”, un poder de singularización frente al modelo piramidal de la moda que jerarquiza el poder adquisitivo. De ahí que se lo denomine “street style”, estilo callejero. La moda se apropia del estilo callejero y lo recicla según la dialéctica inevitable del mercado. Sin embargo Arte andrógino se encarga de señalar los brotes de estilo que nunca son devorados enteramente por la moda; convoca a una guerra de estilos.
Una mirada sobre textos anunciadores de la androginia –de autores como Balzac, Huysmans, Onetti, Puig, Sarduy y Aira– cierra esta reflexión ética y estética que amplía la noción de arte a cualquier expresividad del cuerpo.
Echavarren revela una sensibilidad privilegiada para discernir dinámicas culturales, ya no como mero antropólogo, sino como artista, antena afinada que convoca las expresiones de estilo con un perfil rotundo.
Roberto Echavarren es uruguayo. De su poesía, destacamos: Performance (2000), Casino Atlántico (2004), Centralasia (2005), El expreso entre el sueño y la vigilia (2009) y Ruido de fondo (2010). Sus novelas son Ave roc (1995, 2007), El diablo en el pelo (2003, 2005)) y Yo era una brasa (publicada por HUM en 2009). Sus libros de ensayo son El espacio de la verdad: Felisberto Hernández (1981); Montaje y alteridad del sujeto: Manuel Puig (1986); Margen de ficción: poéticas de la narrativa hispanoamericana (1992); Arte andrógino: estilo versus moda (1998); edición corregida y aumentada (publicada por HUM en 2010); y Fuera de género: criaturas de la invención erótica (2007). Es compilador y participante de Andrógino Onetti (2007) y Porno y postporno (publicada por HUM en 2009). Compiló (junto con José Kozer) y prologó (junto con Néstor Perlongher) Medusario, muestra de poesía latinoamericana (1996, 2010). Ha traducido a Shakespeare, Nietzsche, John Ashbery, Wallace Stevens, Paulo Leminski y Haroldo de Campos, entre otros.


El díptico fálico de Ercole Lissardi
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